Si sientes que en Quintana Roo el dinero rinde cada vez menos, no es tu imaginación. Los datos oficiales acaban de confirmarlo: mientras casi todo el país tuvo un respiro en los precios, aquí la vida se encareció más que en ningún otro estado.
Los números.
De acuerdo con el INEGI, en junio Quintana Roo fue la entidad con mayor inflación de México. Y no por poco: mientras a nivel nacional los precios bajaron en promedio, en el estado subieron, colocándolo a contracorriente del resto del país.
El dato se siente en las ciudades. Cancún se ubicó como la tercera ciudad con mayor inflación de todo México, y Chetumal como la cuarta. Dos de las ciudades más caras del país, ese mes, estaban aquí.
Por qué sube aquí cuando baja en todos lados.
La explicación está en qué compone los precios locales. En buena parte del país, lo que dio el respiro fueron los alimentos: bajaron el jitomate, el chile, el huevo. Pero aquí el peso de los servicios (todo lo ligado al turismo, la vivienda, el consumo en un destino caro) mantuvo la presión al alza.
Es la contracara de vivir en una economía turística. Los precios de renta, restaurantes, transporte y servicios no se fijan pensando en quien vive todo el año, sino en quien viene una semana. El resultado es un costo de vida que se comporta como el de un destino internacional, en una ciudad donde la mayoría cobra un salario local.
Una brecha que no aparece en las cifras.
Ahí está la tensión de fondo. La inflación se mide en porcentajes, pero se vive en decisiones: qué se saca del carrito, qué renta ya no alcanza, qué colonia queda demasiado lejos del trabajo pero es la única posible.
Y es una presión que golpea distinto según de qué lado del negocio turístico se esté. Quien factura en dólares o vive de la ocupación hotelera absorbe el alza. Quien limpia habitaciones, maneja un camión o atiende una caja, no.
Por qué te toca.
Esto no es un dato abstracto: es tu despensa, tu renta, tu recibo. Vivir en el paraíso tiene un costo, y lo pagan sobre todo quienes ganan en pesos locales mientras los precios se mueven al ritmo del turismo.
Mientras el turismo sostiene la economía del estado, el bolsillo de las familias resiente que, en el paraíso, casi todo cuesta más.
Redacción | CUNCLAVE