Después de años de retrasos, sobrecostos y polémicas, el Puente Nichupté abrio. Y para quienes viven en esta ciudad, eso cambia algo muy concreto: el tiempo que les toma llegar al aeropuerto o a la zona hotelera.
Hoy ese trayecto puede tomar 15 minutos en lugar de 45 min.
Una obra que creció en todo, incluyendo el costo.
El proyecto arrancó en 2022 con un presupuesto de 4 mil 335 millones de pesos. Hoy el costo supera los 10 mil 899 millones, un aumento del 150%. La justificación oficial apunta a imprevistos geológicos en el fondo de la laguna Nichupté, que obligaron a modificar la estructura con pilotes más profundos.
Pero la Auditoría Superior de la Federación detectó irregularidades por casi 600 millones de pesos entre 2023 y 2024. Y ambientalistas y expertos han cuestionado la falta de estudios adecuados desde el inicio.
Lo que representa ese número.
El sobrecosto de esta obra equivale al presupuesto anual completo del municipio. Es decir, el dinero extra que se gastó alcanzaría para financiar un año entero de operación de la ciudad.
Eso no significa que la obra no valga. Significa que vale la pena saber cómo se gastó.
Lo que sí cambia para la ciudad.
Para las familias que cada día se enfrentan al tráfico de la Avenida Kukulcán o la carretera federal, el puente es un alivio real. Menos tiempo en el carro, más tiempo en casa. Mejor calidad de vida.
Para el turismo, es una conexión directa entre la ciudad y la zona hotelera que beneficia a los 20 millones de visitantes anuales. Y en caso de huracán, ofrece una ruta alterna de evacuación que hoy no existe.
Los 51 mil empleos generados durante la construcción también son un dato que importa en una ciudad que depende del trabajo.
Pero el puente no resuelve todo.
La congestión en la zona hotelera seguirá siendo un problema estructural. Una vía más rápida no elimina la saturación de un destino que crece más rápido de lo que puede ordenarse.
Lo que se inauguró es una mejora real con preguntas pendientes. Eso también es parte de la historia.