Cuando se piensa en un riesgo de salud en Quintana Roo, la imagen que aparece es Cancún: los hoteles, el aeropuerto, los miles de turistas. Pero el dengue, que este año casi se duplicó en el estado, está pegando fuerte justo donde casi nadie voltea a ver.
Los números.
De 84 casos a finales de mayo, el estado pasó a 153 al corte más reciente, según el Panorama Epidemiológico federal. Es una defunción confirmada y una tasa de 7.5 casos por cada 100 mil habitantes, que coloca a Quintana Roo en el sexto lugar nacional y a la cabeza de la Península: muy por encima de Campeche, con 16, y de Yucatán, con 14.
Dónde está de verdad.
Aquí está el dato que rompe la intuición. Los municipios en condición de epidemia son Othón P. Blanco, es decir Chetumal, con la mayor concentración, y Bacalar. El sur del estado, lejos de la costa turística.
Benito Juárez, o sea Cancún, junto con Cozumel, Tulum y Felipe Carrillo Puerto, está clasificado como zona segura. La enfermedad se concentra donde no llega el visitante ni la atención.
Por qué preocupa más este año.
No es solo el número, es el tipo de virus. En el estado circulan al mismo tiempo tres serotipos distintos del dengue. Eso importa porque quien ya tuvo la enfermedad y se contagia de una variante diferente corre mayor riesgo de desarrollar un cuadro grave o hemorrágico. De los 153 casos, seis fueron graves y 51 presentaron signos de alarma.
La combinación de lluvias y calor de estos meses es justo la que multiplica al mosquito que lo transmite.
Qué se puede hacer.
Lo de siempre, que suena obvio y por eso se ignora: no dejar agua estancada en cubetas, macetas, llantas o tinacos destapados, que es donde el mosquito pone sus huevos. La Secretaría de Salud mantiene nebulizaciones en las zonas de mayor incidencia, pero el criadero casi siempre está dentro de casa.
El dengue no distingue código postal. Pero este año eligió el sur, y ahí es donde hay que mirar.