El fenómeno de El Niño dejó de ser una posibilidad. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó que ya está presente en el Pacífico y que se espera que se fortalezca durante los próximos meses, hacia el invierno.
Aunque nace a miles de kilómetros, en el Pacífico ecuatorial, sus efectos llegan hasta el Caribe. Y en Quintana Roo ya se sienten.
Qué es y por qué importa aquí.
El Niño es un calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico que altera los patrones de clima en buena parte del planeta: más calor, sequías en unas regiones y lluvias extremas en otras. La NOAA estima un 63% de probabilidad de que este evento sea “muy fuerte”, una de las categorías más altas.
Para un estado que vive del mar y del turismo, cualquier cambio en las condiciones del océano es un asunto económico, no solo ambiental.
El mar ya está más caliente.
El efecto más inmediato y medible está en el agua. La temperatura del mar en el Caribe mexicano pasó de 27 a 29 grados, y especialistas no descartan que llegue a 30 en las próximas semanas.
El hidrobiólogo Esteban Amaro Mauricio explicó que ese aumento de temperatura puede provocar estrés térmico en los arrecifes y modificaciones en el ecosistema marino. Traducido: el agua caliente es una amenaza directa para los corales, que pueden blanquearse y morir si el calor se sostiene. Y los arrecifes son la barrera natural que protege la costa y sostiene buena parte de la vida marina de la que dependen pesca y turismo.
¿Menos huracanes? Una proyección, no una certeza.
Hay una cara que suena positiva, pero que conviene tomar con cautela. La NOAA pronostica una temporada de huracanes en el Atlántico por debajo de lo normal para este 2026, y El Niño suele inhibir la formación de ciclones en esta cuenca.
La delegada de Conagua en el estado, Erika Ramírez, lo explicó en términos sencillos: al calentar las aguas del Pacífico, el fenómeno puede traducirse en menos huracanes en la zona del Caribe.
Pero aquí va la advertencia responsable: esto es una proyección de temporada, no una garantía. Basta un solo ciclón para causar un desastre, y la reducción del número de huracanes no significa que no pueda haber uno fuerte. Confiarse sería un error.
Por qué te toca.
El Niño no es un tema lejano de científicos. Si los arrecifes se debilitan, la costa queda más expuesta y la pesca se resiente. Si el mar cambia, el sargazo y las especies marinas también lo hacen. Y aunque haya menos huracanes, basta uno para poner a prueba a todo el estado.
Lo sensato es lo de siempre: que la planeación, los protocolos de Protección Civil y el cuidado ambiental no bajen la guardia por un pronóstico optimista. El clima da señales con anticipación. Lo que se haga con esas señales, eso ya depende de nosotros.