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En Quintana Roo empresas como Homirent controlan 839 alojamientos en Tulum y Cancún, y Vacasa opera 382 propiedades en el estado.
En Tulum, el 45% de las viviendas se ofertan en Airbnb; en Playa del Carmen el centro tiene prácticamente la misma cantidad de Airbnb que de viviendas registradas en el censo, desplazando a residentes locales.
Cuando una colonia se llena de Airbnb sube el precio del suelo, suben los impuestos, sube la renta y los vecinos de toda la vida terminan siendo desplazados por turistas con mayor poder adquisitivo.

Dos meses antes del Mundial, Airbnb lanzó su jugada más agresiva en México: ofrecer 750 dólares a quienes conviertan su vivienda en hospedaje temporal durante el torneo. El mensaje es directo: «Tu casa puede darte 7 mil 478 dólares durante la Copa del Mundo.»

Lo que no dice el anuncio es lo que esa conversión le cuesta a la ciudad.

Lo que ya ocurre en Quintana Roo.

Según una investigación publicada por Quinto Elemento Lab basada en datos de Inside Airbnb, Airbnb no es una aplicación de viajes. Es un modelo de negocio que convierte viviendas en hoteles sin nombre. Y en Quintana Roo ese modelo ya opera a escala industrial.

Empresas como Homirent controlan 839 alojamientos en 28 complejos distribuidos en Tulum y Cancún. La firma estadounidense Vacasa tiene 382 propiedades en el estado. No son familias que rentan un cuarto extra. Son empresas que administran inventarios de departamentos como si fueran cadenas hoteleras.

En Tulum el impacto es el más visible del país: el 45% de las viviendas del municipio se ofertan en Airbnb. En Playa del Carmen, desde diciembre pasado todos los alojamientos de corta estancia deben solicitar licencia para operar, porque el centro de la ciudad ya tiene prácticamente la misma cantidad de Airbnb que de viviendas habitadas.

Lo que pasa cuando Airbnb llega a tu colonia.

El mecanismo es siempre el mismo. Cuando una zona se vuelve atractiva para el hospedaje temporal, sube el precio del suelo. Eso sube los impuestos catastrales. Eso sube la renta. Los propietarios prefieren rentar por noche que por mes. Y los vecinos de toda la vida, los que trabajan en el hotel de enfrente, en el restaurante de la esquina, en el tianguis, ya no pueden pagar vivir donde siempre vivieron.

«Esta cadena inicia con la elevación del precio del suelo. Los propios residentes deciden vender o alquilar. La vida dentro de estos sitios se encarece muchísimo y eso genera desplazamientos», explica Patricia Olivera, investigadora del Colegio de Geografía de la UNAM, citada en la investigación de Quinto Elemento Lab.

El Mundial como acelerador.

Airbnb estima que uno de cada seis huéspedes en México durante el Mundial reservará por primera vez en la plataforma. Para Cancún, que ya enfrenta presión sobre rentas y servicios, ese crecimiento no llegará sin costo. Más Airbnb en colonias residenciales significa más competencia por vivienda, más presión sobre precios y más familias que tendrán que buscar dónde vivir más lejos de donde trabajan.

La regulación que apenas llega.

La Suprema Corte analiza si la Ciudad de México puede limitar el número de días y propiedades en Airbnb. El resultado marcará la pauta para todo el país.

Mientras tanto, Playa del Carmen ya regula. Cancún todavía no.


Este artículo está basado en la investigación «Gol de Airbnb: así es como la plataforma expande su negocio en México», publicada por Quinto Elemento Lab el 5 de junio de 2026, con datos de Inside Airbnb. Puedes leer el reportaje completo en quintoelab.org

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