Redacción | CUNCLAVE
Las cuadrillas llegan de madrugada. Rastrillan, cargan, se llevan el alga. Para el mediodía la arena está limpia y el turista que baja a la playa no se entera de nada.
El problema no es ese turista. Es el que estuvo la semana pasada, vio el sargazo, y ya se lo contó a alguien.
Lo que mide la luz de la noche.
Un equipo del Banco Interamericano de Desarrollo encontró una forma ingeniosa de medir el golpe. Analizó 157 segmentos de playa de Quintana Roo, mes a mes, y los cruzó con imágenes satelitales de luz nocturna, que sirven como termómetro de actividad económica: donde hay movimiento, hay luz.
El resultado: cuando llega el sargazo a un tramo de playa, la luz nocturna cae 17.5%. Traducido a economía, es una caída de 11.6% en el producto local de esa zona.
Conviene decirlo con precisión, porque se ha repetido mal: no es el 11% de la economía de todo el estado. Es el golpe que recibe la zona afectada.
La cuenta que llega después.
Y aquí está el hallazgo que casi nadie está contando. Los investigadores midieron qué pasa en los meses siguientes, cuando la playa ya está limpia.
El daño sigue ahí. Hasta doce meses después, la actividad económica de esas zonas continúa por debajo, entre 5.9% y 9.9%. La razón que apuntan es la reputación: las fotos circulan, las reseñas quedan, el destino se marca.
Limpiar la arena toma unas horas. Limpiar la fama toma un año.
Quién cae primero.
No es el hotel de cinco estrellas. los más golpeados son los pequeños prestadores de servicios turísticos y el sector pesquero. El que renta camastros, el que lleva gente en lancha, el que vive de la captura del día.
Playa del Carmen y Tulum ya están en números rojos.
Lo que viene.
Van unas 87 mil toneladas recolectadas en lo que va de la temporada, y las proyecciones apuntan a que agosto, septiembre y octubre serán los meses fuertes. El récord del año pasado podría quedar atrás.
El gobierno federal prepara una estrategia con la Marina, la Semarnat y la Secretaría de Turismo, más un equipo científico que investigue las causas.
Mientras tanto, cada mañana las cuadrillas vuelven a rastrillar. Y cada tarde alguien vuelve a tomar la foto.