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DONDE NO LLEGÓ
LA AUTORIDAD,
LLEGÓ EL PUEBLO


Los habitantes de San Francisco, Quintana Roo, organizaron una autodefensa comunitaria con turnos de vigilancia las 24 horas para controlar el acceso al pueblo, tras una racha de violencia que incluyó un asesinato y un secuestro en los últimos meses.
Según los propios vecinos, la decisión llegó después de acudir a las autoridades sin recibir respuesta ni apoyo.
El caso abre un debate de fondo: hasta dónde puede una comunidad asumir la seguridad que, por ley, le corresponde garantizar al Estado.

En la entrada de San Francisco, Quintana Roo hay gente despierta a todas horas. No importa si es mediodía o madrugada: siempre hay vecinos vigilando quién entra y quién sale. No son policías. Son habitantes del pueblo que, ante el miedo y el silencio de las autoridades, decidieron cuidarse solos a través de una autodefensa comunitaria.

Cómo empezó todo.

La calma de este poblado se rompió en los últimos meses con hechos que sembraron el miedo: asesinatos y un secuestro encendieron las alarmas entre los habitantes. La sensación de que la violencia se acercaba, y de que nadie llegaba a contenerla, fue el punto de quiebre.

Ante ese clima, los vecinos hicieron lo que muchas comunidades en México han terminado haciendo: organizarse. Establecieron un filtro a la entrada del pueblo y turnos para cubrirlo las 24 horas del día. Su función, explican, es observar: saber quién entra y quién sale, para proteger a la comunidad.

Primero tocaron las puertas institucionales.

Aquí está el punto que distingue este caso. Según relataron los propios habitantes, antes de organizarse acudieron a las autoridades para pedir apoyo y mayor presencia de seguridad. La respuesta, dicen, nunca llegó. Ni acompañamiento, ni soluciones.

Fue ese vacío, afirman, el que los orilló a tomar la vigilancia en sus propias manos. No se trata, en su narrativa, de sustituir a la ley, sino de llenar un hueco que sienten que nadie más cubre.

El dilema de fondo.

La historia de San Francisco no es única, y ahí está lo delicado. En distintos puntos del estado, comunidades que se sienten desprotegidas han optado por la autodefensa comunitaria. Es una respuesta humana y comprensible ante el miedo. Pero también abre preguntas que no conviene esquivar.

¿Hasta dónde puede una comunidad asumir tareas de seguridad sin invadir el terreno de la ley? ¿Qué pasa cuando el Estado no llega? La vigilancia vecinal puede dar tranquilidad momentánea, pero también puede derivar en tensiones o en riesgos si no hay un marco que la respalde. El fondo del asunto no es la organización de los vecinos: es la ausencia que los empujó a ella.

Por qué te toca.

Lo que ocurre en San Francisco es un síntoma. Habla de comunidades que no se sienten escuchadas, de un tejido social que reacciona ante el miedo, y de la deuda pendiente de las instituciones con las zonas que se sienten olvidadas. Cuando un pueblo tiene que cuidarse solo, la pregunta no es solo qué están haciendo los vecinos, sino por qué tuvieron que hacerlo.

Redacción | CUNCLAVE

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